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Atlanta, una pequeña joya a (re)descubrir

Me da casi hasta vergüenza hablar de Atlanta a estas alturas de la vida, porque es reconocer que he tardado meses en descubrir la que ha sido una de las grandes revelaciones de la temporada. Era un secreto a voces, decenas de críticos la han recomendado, era la serie que había que ver, y yo pasé de largo. Todo tiene una explicación, y es que en mi lucha personal contra los spoilers, no quise leer mucho sobre el tema, y me quedé en la superficie. Para mí, Atlanta hablaba de hip hop y, no sintiéndome muy identificada con ese estilo musical, pensaba –erróneamente- que la serie no iba a gustarme.

 

Pero entonces llegaron los Golden Globes y Atlanta se alzó con el premio a mejor serie dramática y empecé a leer artículos que la comparaban –salvando las distancias- con series que me gustan mucho, como Girls, por ejemplo. Empecé a abrir las orejas y a escuchar las alabanzas de los unos de los otros y no tardé en darme cuenta del error que había cometido al dejar pasar una joya como ésta. Menos mal que he podido remendarlo.

 

Atlanta es mucho más que un estilo musical, que al final es un elemento secundario de la serie. Es el retrato de una generación buscavidas, con los mismos problemas laborales y sentimentales que hemos visto reflejados en series creadas por autores de la misma generación de Donald Glover, pero con un factor a tener muy en cuenta: aquí los protagonistas son negros. Y todos sabemos, aunque nos pille lejos y lo sepamos de oídas, que en Estados Unidos los afroamericanos tienen aún muchos obstáculos en el día a día.

 

Imagen promocional de Atlanta, serie creada y protagonizada por Donald Glover

 

Evidentemente no me siento identificada –por muchas razones- con los problemas a los que se enfrenta Earn, un joven que se gana la vida como puede para sacar adelante a su familia. Bueno, a su hija, porque la relación que mantiene con su madre no está muy clara ni siquiera para ellos. Ve en la música una oportunidad de negocio e intenta colocar a su primo Paper Boi, un rapero notable, en el panorama musical de la ciudad. Aunque no vaya con su personalidad y no le interese ser visto así, Paper Boi va a tener que dar la imagen que todos esperan de un rapero negro: que sea malhablado, misógino, homófobo y si me apuras inculto. ¿Quién dijo clichés?

 

Aunque confieso que, a pesar de tener grandes momentos como el del niño con la pistola de agua, la trama del rapero no es la que más me interesa. Estoy totalmente embobada con la relación entre Earn y Vanessa. Creo que ni ellos tienen claro dónde está la línea que separa el vivir juntos por conveniencia y el seguir queriéndose, y no hablo del cariño que pueden tenerse por lo vivido en el pasado y por tener una hija en común, sino de quererse de verdad. Pero Earn no lo tiene fácil en ningún sentido, ni sus padres ni Vanessa creen que se esfuerce lo suficiente por encontrar un trabajo que le permita hacer frente a los gastos del día a día y mantener a la pequeña Lottie.

 

Pero no sólo se habla de relaciones personales, Atlanta es el crudo reflejo de la sociedad estadounidense. Afroamericanos que prácticamente sólo se relacionan entre ellos, que sufren homofobia e incluso transfobia, racismo y violencia policial. Es especialmente llamativo el episodio en el que se parodian anuncios de televisión en los que, aunque se nos escapan cosas por no conocer los originales, vemos a través de sus ojos el tratamiento que sufren por parte de los medios de comunicación.

 

Otro punto a favor de la serie es la duración de los episodios, veinte minutos en los que no hay tiempo de irse por las ramas, se va al grano de la historia que es contada de una forma amena, justa y real, sin pretensiones. Es simplemente la vida, su vida.

 
 

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